Pedro Martín (PM): Defina el término autismo.
Edward Fenske (EF): Está considerado como un trastorno
generalizado del desarrollo, junto con el síndrome de Asperger y otros
trastornos. Se caracteriza por deficiencias en el lenguaje, la interacción
social y comportamientos inapropiados.
PM: ¿Cuales son los síntomas?
EF: Las personas que reciben el diagnóstico de autismo presentan
déficits en tres áreas generales: alteración cualitativa de la
comunicación, alteración cualitativa de la interacción social y patrones
de comportamiento, intereses y actividades restringidos, repetitivos y
estereotipados.
Todos los niños con autismo son diferentes
de los demás y el diagnóstico es impreciso. Hace unos años se
diagnosticaban con autismo a 5 niños de cada 10.000. Hoy en día estamos
ante un caso de cada 166 niños (60 por cada 10.000).
PM: ¿Se conoce su origen?
EF: No, no se conoce. Sabemos que es un trastorno neurológico que
dificulta el desarrollo del lenguaje. La buena noticia es que se puede
tratar.
PM: ¿El autismo tiene cura?
EF: No me gusta hablar de cura. Lo que sí puedo decir es que con estos
tratamientos enseñamos a muchas personas a valerse en la vida y a
desarrollar una capacidad de independencia importante.
PM: ¿Puede ser un factor genético
heredado?
EF: No hay pruebas suficientes para afirmar eso. Pero si un niño tiene
autismo, el hermano tiene más probabilidades de tener autismo que otro
niño que no tiene un hermano con autismo. Aunque en muchos casos no es
así, porque hay ejemplos de gemelos en que un gemelo tiene autismo y el
otro no. Estos datos indican que hay factores genéticos que influyen en el
autismo.
PM: ¿Cómo sabemos que nuestro hijo
tiene autismo?
EF: Ahora se puede diagnosticar a una edad muy temprana. Hoy en día,
contamos con instrumentos que lo detectan en niños menores de 2 años. Los
padres deben estar atentos. Por ejemplo, podemos observar alrededor de la
edad en que comienzan a hablar si el niño señala un objeto y mira a los
padres para llamar la atención. Si el niño no hace esto, puede ser un
indicador. Antes de los dos años, los padres empiezan a notar signos
relativos a la falta de lenguaje e interacción social.
PM: ¿Antes de los dos años sería
imposible saberlo?
EF: Si el niño no comienza a hablar antes de los 18 meses, puede ser un
síntoma que indica un problema de autismo. Hay otras habilidades que
aparecen en niños de desarrollo normal antes de un año. Si un niño carece
de estas habilidades, podemos estar ante un signo de posible autismo. Esto
es importante, porque lo mejor es detectar el autismo y comenzar la
intervención especializada cuanto antes.
PM: El autismo ¿puede
desarrollarse más tarde o es una cuestión de nacimiento?
EF: Había teorías en los años 50 y 60 que culpaban a los padres diciendo
que se comportaban de una manera distante y fría con los niños. Pero a día
de hoy se ha demostrado que eso no es cierto. Todos los padres se muestran
dispuestos a colaborar en el tratamiento de sus hijos.
PM: ¿Cómo se trata?
EF: Mediante el análisis aplicado a la conducta. A partir de cientos de
investigaciones científicas llevadas a cabo en los últimos 40 años, se
pueden enseñar muchos tipos de habilidades a los niños. Se trata de
establecer un entorno apropiado, con estimulación adecuada y resultados
constantes, para que aprendan estas habilidades.
PM: ¿De qué entorno estamos
hablando?
EF: De entornos creados en centros especializados. Al principio ellos
necesitan un ambiente estructurado para aprender una serie de habilidades.
Esa opción de una escuela con estas características debe estar disponible.
PM: ¿A qué edad entran en estos
centros?
EF: Temprano. Entre los 18 meses y los dos años. Cuanto antes entre, mejor
será el resultado y será más fácil evitar que establezcan conductas
inapropiadas.
PM: ¿Cuántos programas tienen para
realizar estas terapias en su centro?
EF: Nosotros tenemos tres programas: El de intervención temprana, el de
educación, en el que contamos con niños que están en transición al colegio
regular y, por último, el programa para adultos.
PM: ¿Son internados o los pequeños
viven en sus casas?
EF: Los niños viven con sus padres. Ellos acuden al centro seis horas cada
día. Es el horario de un colegio regular.
PM: Pero los padres también
tendrán deberes...
EF: Sí. El personal especializado del centro va a casa a hablar con los
padres. Nadie les va a decir cómo tienen que educar a sus hijos sino que
lo que se les comenta son las diferentes actividades que deben realizar
para lograr una mejor integración y para que generalice en la casa lo que
aprende en el colegio. Es bueno que el niño con autismo haga las mismas
cosas que el resto de los niños, como ir a un restaurante, ir de compras o
jugar.
PM: Hablamos de centros
especializados, pero ¿estos niños pueden integrarse más tarde en una
escuela con el resto de los niños?
EF: Según las estadísticas referentes a nuestro centro, un 40 por ciento
de niños con autismo se integran plenamente en escuelas regulares. En
nuestro centro de Estados Unidos hemos comprobado que al coger e integrar
plenamente a los niños desde muy pequeños podemos ahorrar a las
instituciones millones de dólares.
PM: ¿Alguna vez ellos llegan a
darse cuenta de lo que les ocurre?
EF: Sí, en muchos casos. Mantengo el
contacto con uno de nuestros antiguos pacientes, que tiene 30 años. Se
montó su propio negocio. Diseña corbatas. Cuando se enteró de que había
sido autista, no se entristeció ni se desencantó, sólo sintió curiosidad
por el asunto.