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III CONCURSO DE RELATOS BREVES
Tras la apertura de la convocatoria de III Concurso de Relatos Breves SEMERGEN-Pizer el pasado 15 de abril, se inicia la publicación de los originales que concurren a dicha edición. La fecha límite de recepción concluye el 31 de octubre. En este numero continua con la publicación de los relatos recibidos El rescate
Adela Castañon Baquera
No he sabido que estuve secuestrado hasta hace poco. Permitidme la redundancia, pero cuando fui consciente de que había recuperado la conciencia, desperté en un túnel del terror. No fue un despertar brusco, sino un ir percibiendo poco a poco lo queme rodeaba, como si saliera de una mala experiencia con la anestesia. A medida que me iba dando cuenta de cómo, dónde y en qué condiciones estaba, el miedo se infiltraba en mis entrañas de modo insidioso, oprimiéndome con una intensidad digna de la mejor de las anginas de pecho. Escribí una especie de diario de lo que ahora llamo “mi época oscura” cuyo resumen debéis conocer para entender el final de mi historia.
ezl diario) Día A: He conocido el caos. Me doy cuenta de que estoy en otro planeta cuyas normas desconozco, y eso me angustia enormemente. Por más que miro a mí alrededor, no encuentro ningún ser que se me parezca ni de lejos. No tengo a quien consultar. Ignoro si hago lo correcto, o si estoy infringiendo el orden establecido, porque carezco de la sutiliza necesaria para interpretar la conducta de los nativos de este planeta. Físicamente me encuentro bien, pero mi alma está envuelta en una mano de soledad abrumadora, demasiado pesada para mis frágiles hombros.
Día B: Cada día, cada hora, cada instante, es distinto del anterior, y nunca sé lo que me va a ocurrir a continuación. Tengo la impresión de que los nativos se angustian y se enfadan conmigo porque no se dan cuenta del modo en que yo vivo la realidad, y eso dificulta cualquier intento de relación por ambas partes. Me parece que a veces me piden cosas a las que no encuentro sentido, por lo que suelo fracasar al intentar realizarlas, cuando no me niego simplemente a ello. No obstante mi actitud tiene un precio que a veces es demasiado elevado: me aburro cuando la tarea me parece indescifrable, y a veces termino por irritarme, me golpeo o me lesiono, me siento invadido por el desconsuelo de estar en el extremo de una línea de teléfono sin que haya nadie en el otro lado que me escuche o me responda. Ignoro cuál es el precio que debo pagar para recuperar mi libertad, y no se cómo preguntarlo.
Día C: ¡Cómo me gustaría compartir con los nativos las cosas de este planeta tan extraño! Pero son demasiado complicados para mí. Los secuestradores normales suelen dar instrucciones claras y precisas, pero estos utilizan demasiadas claves repletas de sutilezas que se me escapan, y creo que la palabra “orden” es totalmente inexistente aquí. La atmósfera de este lugar es demasiado estimulante, demasiado impredecible. Ignoro que debo hacer o que rescate he de pagar para poder abandonar este islote solitario….
Día D: Han aprendido unos nativos nuevos, distintos de los que hasta ahora me custodiaban. Durante unos cuantos segundos hemos podido establecer una especie de “contacto” y me han hecho comprender que los muros que me rodean no son indestructibles. De algún modo me he percatado de que puedo lograr abrir brechas en ellos para construir ventanas y puertas. No obstante, presiento que las llaves para abrirlas cuando las vaya creando seguirán estando en sus manos.
Día E: Tengo miedo. Las ventanas me salen torcidas y me asusta que los de fuera piensen que intento hacerles daño. A veces los veo acercarse como si soportaran un peso invisible que están deseando dejar caer sobre mí. No me aceptan como soy, y a veces me ahogan al no respetar mi espacio. Estoy en una fortaleza vacía, y añoro las llanuras abiertas donde sé que debo vivir.
Día F: ¡Maravillas de las maravillas ¡ ¡ Alguien ha encontrado un traductor! Su dominio de mi idioma no es perfecto, pero posee un tesoro: un diccionario que, aunque muy primitivo, nos ha permitido establecer una comunicación rudimentaria, frágil, patética, si se quiere, pero comunicación al fin y al cabo.
Día G: Además de enseñarme los rudimentos del idioma, mi intérprete está instruyendo a los nativos que me custodian más de cerca. Nos cuesta entendernos, pero vamos progresando lentamente. Ahora que he podido descifrar el sentido de algunas cosas que me piden, me siento más capaz de llevarlas a cabo, y cuando tengo éxito en mi labor, me invade la satisfacción. En ocasiones noto que alguien de fuera emplea su llave para abrir mis ventanas, dejando pasar un soplo de aire fresco que aporta tranquilidad, llenado mis pulmones de un vivificante oxigeno.
Día H: El pantano de las relaciones con mis captadores está lleno de arenas movedizas que nos atrapan a traición, tanto a ellos como a mí. Se han dado cuenta de que necesito orden y sencillez, pero a veces me aburren exigiéndome las mismas rutinas una y otra vez. Y cuando se dan cuenta, pasan a pedirme cosas que me resultan demasiado complicadas. Si lo notan, vuelven a las de rutina, e incluso intentan ser ellos quienes las lleven a cabo, pero no saben. Quieren ponerse una ropa que no les va. Un pulpo nunca podrá vestir con pantalones, y eso es lo que en ocasiones parecen pretender: no pueden ser como yo, ni yo como ellos. A veces llegamos a estos “puntos muertos “, con gran desesperación por ambas partes.
Día I: He salido al exterior. El nativo que me resulta mas familiar dejó hoy la puerta abierta, y me espero fuera con la mano extendida. Reconocí el sol en lo alto del cielo, cuando me atreví a cruzar el umbral, pude ver que mi prisión no era la única, y que había otros como yo, habitando en sus encierros, aunque sin salir afuera.
Día J: Creo que mi realización de trabajos forzados está siendo satisfactoria, presiento que el fin de mi secuestro se acerca.
Día K: El muro ha caído. ¡Soy libre ¡ (Aquí termina el diario)
Hoy se que durante esos oscuros en los que habité aquel planeta me convertí en un superviviente. Tuve que desarrollar técnicas autodefensas, si bien es cierto que en ocasiones sufrí graves daños físicos e incluso, y no pocas veces, me encontré maniatado y amordazado durante ratos que me parecían interminables. Entonces lo ignoraba, pero era yo el que me producía el daño, y aquellas medidas de contención, que tan crueles pueden parecer expuestas así, las tomaban los nativos para protegerme de mi mismo. No sabia si ellos eran malos o buenos; eran sencillamente diferentes, muy, muy diferentes, y esa fue la principal dificultad con la que ambos tropezones a lo largo de esos años difíciles. Hoy sé que empleaban para comunicarse un idioma hecho de palabras que a ellos les resultaban naturales, fáciles, ingravidas como el aire, y refrescantes como brisa en primavera, pero que eran para mi como el peor de los tornados. Su volumen me abrumaba, no podía aprehenderlas y mis intentos de atraparlas fracasaban como fracasaría un niño al intentar coger con las manos toda el agua del mar. Naufragué durante mucho tiempo por esas aguas turbulentas, que a veces a punto estuvieron de ahogarme. Hoy sé que las ventanas que yo construía con tanto esfuerzo, y que para mí resultaban transparentes como el cristal, desde fuera se veían como vidrios opacos, que no dejaban filtrar nada de lo que acontecía en el interior. Era intentar explicar el color a un ciego de nacimiento, o la música a un sordo. Era el discurrir de mundos paralelos que, como las vías del tren, parecían destinados a no encontrarse jamás. Hoy sé que más vigilantes fueron generosos, y me dieron el orden, la predictibilidad, las claves que necesitaba para conquistar la libertad. Pese a lo absurdo que les parecía entonces mi evolución, no tiraron la toalla y se esforzaron en comprender mis rituales e incluso intentaron parecerse a mí para acortar las distancias que nos separaban. Hoy sé que intente refugiarme en conductas repetitivas para obtener seguridad, que cuando algo era predecible me aferraba a ello con todas mis fuerzas. Sé que desesperé a mis guardianes, que me culpaban y se culpaban de la situación. Ellos y yo sufríamos en soledad, y parecíamos destinados a no encontrarnos jamás. Hoy sé que tengo en común con quienes me custodian muchas cosas que las que en su momento nos separaron. Hemos aprendido que somos diferentes, y curiosamente, esa diferencia ha sido el puente que nos ha permitid acercarnos. El respeto a nuestra diversidad ha sido finalmente lo que nos ha unido. Hoy sé que a veces los nativos más cercanos tenían la sensación de ser ellos los secuestrados, y yo les resultaba tan indesfrable como ellos a mí. Eran habitantes de un tranquilo planeta, donde yo irrumpí como un meteorito procedente del espacio, demoliendo en un momento estructuras que parecían intocables. Hoy sé que todas esas claves que me siguen resultado difíciles de entender se puede desmenuzar en otras más simples, más sencillas, más asequibles, a las que puedo llegar con ayuda, y, cada vez más, sin apoyos, sólo con mis propios recursos. Hoy se que he vuelto a mis llanuras, a mi mundo, a vivir con mi gente, y todos los días soy capaz de ir contando un poquito más de lo que me pasó, aunque nunca pueda hacerlo del todo. Hoy sé que lo sentía cuando lograba hacer algo a gusto de ellos, o cuando ellos hacían algo que yo deseaba y no sabia como pedir, se llama felicidad. Y todo eso que sé hoy, quiero compartirlo con vosotros, porque esto es una historia de la vida real. Como Papillon, o el Lute o personajes famosos cuyos nombres no vienen al caso, yo logré escapar de mi prisión. Y si parece que lo hice sufriendo el síndrome de Estocolmo, no me importa. Lo que importa es que aún quedan en ese planeta personas que liberar. Y para que terminéis de entender mi relato, que ha podido pareceros hasta ahora algo opaco o difícilmente descifrable, os facilitaré algunas de “mis claves” para que os pongáis un poquito en mi lugar:
El planeta donde estuve secuestrado se llama “AUTISMO ” . Soy un niño autista. Los nativos a los que me he referido, porque me costaba trabajo referirme a ellos como “guardianes” o “carceleros” eran personales normales, como nosotros; eran mis padres, mis hermanos, mis terapeutas, mi familia, mis amigos…. Me gustaría ser yo quien escribiera esto, pero seguís siendo demasiado complejos para mí. No obstante, ya os he dicho que alcancé mi libertad. Mi madre ha sido capaz de estudiar mi diccionario hasta el punto de que os pueda traducir todo esto que os he contado. Aunque ella es medico, caí en su vida como una bomba, y ni todas las facultades de medicina la habían preparado para lo que se venia encima. No obstante hoy en día es difícil decir cuál de nosotros dos ha enriquecido más la vida del otro. Una cosa es cierta; la palabra “aburrimiento” desaparición de nuestro diccionario común hace mucho, pero que muchísimo tiempo. Y ultimo, para no aburrirnos más lo principal es que quedan muchos niños secuestrados en ese planeta, y no todos tienen las herramientas que necesitan para construir un camino de regreso a la Tierra. No elegimos nacer en una cárcel, ni ser victimas de un secuestro, ni nacer con esas carencias comunicativas, sociales, y de relación, que nos caracterizan. No somos autistas por gusto, ni para fastidiar a los que nos rodean. Vosotros nos resultáis tan extraños como vosotros a vuestros ojos. Pero no olvidéis nunca que por tener unas capacidades de las que nosotros carecemos, disponéis de la posibilidad de llevar a cabo nuestro rescate.
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