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Reportaje

Discapacidad       24/03/2006

Al nacer Juan parecía totalmente normal, pero sus padres se dieron cuenta de que le ocurría algo raro. Pronto observaron que el niño, no respondía a la sonrisa, no parecía importante si alguien le cogía en brazos y no protestaba cuando se quedaba solo. Era un bebé muy silencioso y muy fácil de cuidar, a decir verdad, demasiado fácil de cuidar. Juan padece autismo, un trastorno profundo del desarrollo que afecta aproximadamente a uno o dos niños de cada 1.000 nacimientos.

Los padres de Juan están desconcertados porque su hijo, aparentemente normal, sufre un trastorno muy serio que le acompañará toda la vida. Tras reponerse del impacto inicial, trataran de buscar los mejores medios para educarle. Pero es complicado encontrar un centro apropiado a las necesidades de un niño especial. Así que, lo más probable es que la propia familia asuma el reto de instruirle. Sin embargo, hoy en día, los padres de Juan no tienen porque hacer esa travesía en solitario. Existen en España muy diversos centros específicos para la educación de estos niños, y un buen ejemplo es la Asociación Nuevo Horizonte de padres de niños autistas, de Las Rozas.

Un centro que en 2006 cumple 25 años de existencia y que se inicio gracias al coraje de tres padres de niños con autismo, que ante la falta de centros especializados decidieron aunar esfuerzos. "En un chalet de 90 metros cuadrados 22 terapeutas asistían a 22 niños, y había gimnasio, cocina, comedor y aulas", explica el presidente de la Asociación, Manuel Nevado. Ese chalet en la actualidad la sede de la Confederación de Autismo de España, y los asistidos han aumentado su número hasta 48,los terapeutas son 76 y las instalaciones están situadas desde 1988 en la calle Comunidad de Madrid, 43, muy cerca del Burgocentro de Las Rozas. El encargado de conseguir los terrenos donde se encuentra el actual centro fue precisamente Manuel. "Yo era aparejador del Ayuntamiento de Las Rozas, así que me encargaron la tarea de conseguir una nueva ubicación, sino mi hijo no iba a poder seguir en el centro", cuenta el presidente. A partir de ahí solo quedaba edificar, porque el dinero ya se había gestionado con el Ministerio de Educación. Primero se levanto la primera residencia y el bloque principal donde se encuentra la cocina, el comedor y las aulas donde los chavales aprenden a elaborar piezas de cerámica y a coser piezas de cuero, muy solicitadas por diversas empresas para regalar a sus clientes; pero también aprenden a hablar, ejercitan la memoria, la coordinación......

Después se construyo el gimnasio y la piscina, donde se imparten los programas de educación física especial; y próximamente se inaugurara una nueva residencia.

A lo largo del día, los chavales, entre los que se encuentra Luisete, el hijo de Manuel, reciben atención individual y personalizada según la gravedad de su trastorno y van pasando por todas las aulas de este centro privado, que funciona también gracias al apoyo de los padres, que colaboran con lo que pueden, dependiendo de su capacidad y de su empleo. Además, la Asociación ha recibido ayuda de particulares así como numerosas entidades como la ONCE, Caja Madrid, La Caixa o Accenture, que realizo un estudio de viabilidad de forma totalmente gratuita.

Luisete entró en el centro cuando tenía dos años, ahora tiene 25 y probablemente terminará sus días en este lugar. Porque ese es otro de los cometidos de la Asociación, servir de segundo hogar para estos niños, cuando el día de mañana ya no estén sus padres. De hecho, algunos de los compañeros de Luisete pasan varios días enteros en la residencia del centro para acostumbrarse a su cama, sus cosas y sus amigos. "Se hace un plan de adaptación porque no se puede cambiar la forma de vida de un autista de un día para otro. Así que algunos vienen un día y otros dos o tres", comentan Mari Carmen Muela, la directora de un centro que ha contribuido a mejorar mucho la vida de estos jóvenes.

En los talleres de cerámica y de cuero, la intención de los terapeutas es darle a los autistas una ocupación a lo largo de su vida. Además la Fundación Realiza facilita que los productos que confeccionan lleguen al mercado y se valore socialmente. Los chavales también participan en las tareas del centro ayudando a la lavandería. Y en el aula de música mejoran sus relaciones sociales y aprenden a marcar el ritmo.

El taller de jardinería complementa el trabajo interno del centro. Además el producto no se pierde porque las plantas cultivadas por los chavales son compradas por el Ayuntamiento de Las Rozas. En ese sentido, Mari Carmen Muela quiere dar las gracias a la Consejera de Medio Ambiente, que gracias a un convenio se lleva todas las planta producidas para el ajardinamiento de zonas publicas. 

PD.- Queremos agradecer a  Elena Sainz directora de EL TELEGRAFO DIGITAL, por permitirnos publicar este reportaje.

http://www.eltelegrafo.org

 

 

 

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